Titanes sin apuros.

Madrid, 21 de septiembre de 2009.
Son dos y son de Oviedo, pero les conocemos por separado. Uno oscuro y poético, otro sabiniano y cinematográfico. Almas de puro rock and roll, la calidad de sus textos sitúa a ambos muy por encima de la media nacional, si es que el arte se pudiese cuantificar con matemáticas o valorar por estadística. Estoy hablando de Héctor Tuya y Alfredo González, dos de las actuales debilidades del equipo del programa. Poder gozar –con toda la carga semántica que la palabra indica- de esta suma de talentos es un lujo que nos concedimos el pasado lunes 21 en el Búho Real.
Teníamos curiosidad por ver cómo enfocaban este bolo los dos músicos. El local del Búho, pequeño pero no exento de magia, era propicio para convertir el show en una genialidad exquisita o en un bodrio adormecedor, sin término medio. No hubo rastro de lo segundo.
Estrenó el escenario Héctor Tuya, comenzando con “Atenas”, la intro ideal, por inquietante y oscura, apoyada en samples y bucles, mazazo ideal para romper el hielo y absorbernos, inquietarnos, raptarnos. Es increíble, pero cuando Héctor se decide a innovar y explorar, no existen los límites: cualquier ecuación sonora tiene cabida, es sin duda un sendero que le resulta cómodo. Siguió Héctor con una versión reducida de “Todas las noches”, tema de Diego Vasallo basado en la obra del poeta anglo-astur Roger Wolfe, joyita que ya nos regaló en el programa 10º aniversario en la Fnac.
Afincado en los últimos tiempos en Madrid, Héctor hizo entonces de perfecto anfitrión para presentar a su paisano y amigo Alfredo González, que se sentó al teclado para regalarnos la bella “Dudas y precipicios” y “Todos llevan disfraz”, haciendo gala de esa sensibilidad tan especial que le caracteriza, en la garganta y en los dedos. Hasta ese momento fue la carta de presentación de ambos en solitario. Acto seguido, ya con ambos en escena, nos regalaron algunos de los mejores temas de ambos repertorios, entre ellos “Mi generación”, “Fuera de control”, “Cicatrices” y “Virgen de los peligros”.
La naturalidad es el nexo que une a Alfredo y Héctor, tan grandes como diferentes en sus obras. Cuando se presentaron algunos problemas técnicos con el sonido, supieron regatear a los gatos negros con espontaneidad y desparpajo, sin ningún apuro, como si la cosa no fuese con ellos. Héctor incluso recibió una llamada y la contestó ante un divertido público. Sólo se lo había visto hacer a Bono, pero hacía las llamadas, no las recibía. El público sabe apreciar la cercanía, cada vez más harto del divismo supuestamente inherente a los músicos, y a partir de ahí la conexión fue mayor.
Héctor llamó al escenario a Sofía Castañón para interpretar “Frío en el cielo” y “Amor” con su sensualísima voz, que hace del Spoken Word una auténtica delicia, otro de los aciertos del Tuya, qué cabrón. Alfredo le dio el relevo con un triplete in crescendo de sus más emotivas –e intuyo que más difíciles de escribir- canciones: “Piernas de marioneta”, “A borbotones” y la inconmensurable “Retrueque”.
La velada dio sus últimos coletazos por falta de tiempo, que no de ganas, todos hubiésemos seguido allí y doy por sentado que Alfredo y Héctor también, ya que el escenario es su hábitat natural. Nos donaron algún tema más, como “Me arrancaré los ojos” (corte que Héctor cedió para el disco 10ºAniversario de Estación Sonora) y “No conectado” Entonces todo acabó y se pudo volver a fumar. El maldito veto antitabaco fue el único nubarrón. ¿Los asturianos? Titanes, como siempre…pero multiplicados por dos.
Por Manuel Morillas. Septiembre
2009 |
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Las canciones
Por Raúl Molina
En muchas ocasiones intento simplificar el complicado mundo de la música del que somos testigos, y siempre llego a la misma conclusión: la base de todo es hacer una buena canción. Lo demás son añadidos, son cosas complementarias. Sin esa canción no habría conciertos, marketing, promoción, merchandising, ni por supuesto un programa de radio como el nuestro. Y percibo que en muchas ocasiones se le presta más atención a todo lo superficial, que a lo que hace que esto tenga sentido: la música. Las canciones.
Y en esta ocasión, fuimos testigos de la unión de dos grandes hacedores de canciones.
Cada uno en su estilo, muy distintos, pero muy parecidos a la vez: Héctor Tuya y Alfredo González. Alfredo González y Héctor Tuya.
El huracán Héctor Tuya hace de la experimentación su propio terreno: Spoken Word, guiños electrónicos, tango y su habitual base rockera forman un coctel muy atractivo e interesante, que engancha al público desde que se sale a escena.
Al otro lado del ring, Alfredo González, el autor de alguna de esas canciones que no puedo eliminar de mi reproductor desde que descubrí su fabuloso ‘Dudas y Precipicios’. Un tipo brutalmente honesto, que deambula en terrenos muy frágiles, dotando de una sensibilidad muy especial a cada una de sus composiciones.
La noche dio para mucho. Había cabida para la emoción y la experimentación, sin olvidarse de las bromas y las risas de dos tipos que se muestran sin mascara cuando están encima del escenario.
Y lo más importante, ambos nos regalaron un buen puñado de canciones de las que te quitan el sueño. De esas que te hacen olvidar que es un lunes por la noche. Escuchar en directo piezas como ‘Me arrancaré los ojos’ de Héctor o ‘Dudas y precipicios’ de Alfredo, bien valen el precio de la entrada.
Dicho esto solo puedo invitarles a que sigan los pasos muy de cerca a estos dos canallas, porque poseen algo que engancha. Llamémosle carisma, feeling, actitud, compromiso o sencillez. O porque no, llamémosle canciones.
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