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Héroes del Silencio: TOUR 2007
Aunque el aire no sepa qué ocurre.



Zuera, 26 de agosto de 2005.
La bajada a los infiernos de Bunbury comienza el día que abatido y desolado, abandona el escenario tras haber interpretado tres temas. Unos aplauden, otros abuchean. Parte de la crítica, los menos, respaldan al artista. Los otros, los más, se decantan por la especialidad de la casa: los palos de ciego y la leña al mono. Probablemente el momento más duro de la controvertida carrera profesional del maño.

México, 6 de octubre de 2007.
Héroes del Silencio, más de una década después de su separación, se presentan en el Foro Sol de México como príncipes, inmaculados, con traje de gala y un montaje escénico mastodóntico. Se gustan, se divierten. Más de 50.000 asistentes estallan en gozo. Es la cima, el olimpo, el Everest del rock.

Dos momentos radicalmente opuestos pero muy cercanos en el tiempo. Entre ellos se pierde un eslabón de dolor, de incorfomismo, de inquietud, de necesidad vital y artística: los secretos impulsos que en algún momento y lugar gestaron la vuelta de Héroes del Silencio.

El dvd plasma esta vuelta, suplicada incansablemente durante años por sus seguidores, con los conciertos de México en el Foro Sol el 4 y 6 de octubre, un documental de una hora sobre la gira y un tema de cada show de la misma.

El concierto del Foro Sol es impecable. Que nadie lo tome como una exageración porque para nada lo es: este show les hace dignos de un trono en la mansión de las leyendas, sencillamente perfecto. Uno era de los que pensaba que por lógica editarían un concierto español con imágenes de todos los shows. Sin embargo la actuación mexicana echa por tierra cualquier mínimo atisbo de duda: este concierto tenía que ser compartido de alguna manera, hecho público, convertido en patrimonio de la humanidad.

La banda se muestra unida, compacta, con confianza; como custodiada por los dioses aztecas. Desde el mágico comienzo de El Estanque se palpa ese “algo” en el ambiente. Sonríen continuamente, se miran, están inspirados y el público acompaña: es de esos partidos que uno se moriría por jugar. Las canciones son los mismos himnos, pero suenan nuevos, bañados por el aroma de los años y los arreglos, como los mejores vinos de las mejores cosechas. Lo de Juan Valdivia no hay quien lo entienda: nunca se le ha atribuido el mérito que merecía. Él, que siempre ha sido un genio incomprendido, puntea como nunca y sustenta el mito como siempre. Lo de maestro le hace justicia. No ser guapo o bailón no le debería privar de un hueco entre los respetados: por derecho propio, por justicia poética.

Los temas de El Mar no Cesa suenan totalmente distintos, con una fuerza que sorprende, las mejores versiones de esa época jamás tocadas. Increíbles “Mar adentro”, “Héroe de Leyenda”-con comienzo inesperado y final apoteósico- y la perla que cierra la primera mitad del show: “No más lágrimas”. A los mismísmos U2 se les caería la baba de envidia por no haber firmado algo tan obviamente suyo, un tema que les debieron robar por descuido. Probablemente Quique en sus años mozos por Dublín. Total, un tío al que no le importa mangar un kiwi a Bowie, no creo que le haga ascos a un regalo así. No se me ocurre otra explicación para tan gran inspiración divina, una canción significativa del momento histórico que representa. Aunque el aire no sepa qué ocurre el viento se lleva lo que acontece. Los afortunados que han estado ahí saben bien de qué hablo.

No falta la fuerza, como tampoco faltan quienes se sienten defraudados porque habían previsualizado en sus cabezas un show distinto. Yonquis de un recuerdo caduco, estanco. Héroes han evolucionado mucho, esta banda está ahora a otro nivel: no necesitan de más tralla en los tempos, les basta con poner el acento de dramatismo en cada acorde, en cada palabra e incluso en cada gesto. Porque el rock es también pose, nadie paga por ver al panadero cantar con un delantal. Bunbury se “come” el micro y hasta la cámara ( ver Bendecida, dvd2 ). Le falta escenario, tiene el control de la situación en todo momento. Todavía hay quien se atreve a llamarlo payaso, pero también lo hicieron con Morrison. “Opio”, “Nuestros nombres” o “Iberia Sumergida” dejan totalmente en ridículo, en paños menores, a los detractores de las aptitudes escénicas de Enrique.

Más allá de preferencias nostálgico-melancólicas hay que decir que la presencia de Gonzalo ha sentado de maravilla al sonido del grupo. Ha sabido entenderlo como nadie y dotarlo de esa vena más brillante y menos sucia; los resultados son inevitablemente evidentes. Joaquín lo borda en los arreglos, con una consistencia determinante en el resultado final y Pedro ejerce de reloj con maestría. ¿Quién le acusaba de mal músico? El virtuosismo no es la vía exclusiva hacia la belleza. Es acojonante ver cómo mantiene la tensión en el final del show. Su mirada te atrapa y te transporta al mismo centro del escenario, si es que aún no estuvieses allí.

El documental “Vuelo privado”, una joyita que debemos a Charlie Manzanera, despeja algunas dudas de los más ávidos de saber, de los que se leen todos los foros, se registran en todos los clubes de fans y quizá incluso lean este artículo. Muchos de ellos se quejaban durante la gira de algo de frialdad, de falta de gestos en un momento supuestamente tan emotivo. Otros veían en el dinero el único motor de este reencuentro. Bien, el documental deja patente la buena relación entre los miembros con hincapié en el binomio Bunbury-Valdivia (como muestra un botón, minuto 26 del documental). Poco menos que una felación pública se les había pedido durante la gira, cuando Héroes, recordemos, nunca han sido un grupo de sonrisas y poses jolgorientas.

Sin embargo hasta en eso han mejorado y se les ve naturales y cómodos, disfrutando de un momento de gloria que aunque ya tuvieron, ahora han disfrutado multiplicado a la enésima potencia. En conversación con Phil Manzanera Enrique confiesa estar pasándolo “muy bien” durante la experiencia y vemos también a unos Joaquín y Pedro emocionados tras la actuación de Los Angeles. Las notas de color y más simpáticas las pone Juan Valdivia, con su peculiar sentido del humor en la tienda de guitarras o Bunbury, tomado por artista extranjero por ser “tan guay”.

A pesar del valor del concierto del Foro Sol se echan en falta más imágenes del resto de conciertos. Aunque hay un tema de cada uno de ellos las imágenes no son por completo del show, sino de la ciudad e incluso de otros momentos de la gira. Esta inconsistencia es un pecadillo venial que tendrán que terminar solucionando con la edición de algún otro concierto, tiempo al tiempo. En las arcas de EMI siempre habrá algún cajón vacío para ese dinero, no lo duden.

Y lo del tema del sonido merece capítulo aparte. Parece más que obvio que hay cierto desfase vídeo/audio, una especie de retardo que dependiendo del momento puede llegar a ser hasta de un segundo, lo cual es bastante molesto. Pese a todo esta es la única mancha de un dvd que servirá ante todo para dejar constancia de la grandeza de Héroes del Silencio, la que nuestro país sigue empeñado en obviar y condenar al ostracismo con su desproporcionadamente escaso interés mediático, pero pese a ello tienen desde ya un lugar entre los elegidos. Grandes, muy grandes.

Por Manuel Morillas. Enero 2008
Bunbury, ave rapaz
Por Manuel Morillas

Casi todos los grandes talentos capaces de lo mejor y lo peor sufren de cierto punto de incomprensión: desde Dalí a Guti, pasando por Tarantino o Curro Romero, todos ellos han sido y serán cuestionados. Enrique Bunbury entra en este saco: maldito para sus detractores y divino para su séquito de fieles.

Ave Rapaz

Cuando Bunbury dejó el escenario en Zuera, quienes le hemos seguido de cerca sabíamos que ahí dentro había algo roto. Una herida grande, que hasta dolía verla sangrar. Decidió aislarse, romper con todo, ocultarse en el silencio. Y muchos ni pudieron ni quisieron entenderle. Más de 20 años encima de un escenario, más de 1000 conciertos... Pero nadie tolera cualidades de humano en quien se espera divino. Como humano que es, Enrique cayó.

Pero no hay subida sin bajada, ying sin yang, besos dulces si no hay amargos, y a los pocos meses Enrique se recomponía a fuerza de pundonor y con algo de ayuda, grabando “El tiempo de las cerezas” con Nacho Vegas, donde nos regalaba para nuestro alborozo y contra pronóstico algunos de sus mejores temas en un disco histórico por el peso de sus protagonistas. Algo más tarde se hacía noticia lo que no supieron mantener en secreto los rumores: la vuelta de Héroes.

Como cabeza visible de la banda, gran parte del hipotético éxito del regreso y toda la presión de un inoportuno fracaso recaía en sus hombros, si Bunbury la pifiaba de nuevo era mejor no pensar en las posibles consecuencias. Pero Enrique no contemplaba la derrota y encabezó con su mejor nivel a la banda, conduciéndola a lo más glorioso de su ya de por si gloriosa carrera, mostrándose como un animal escénico de enorme talla, en el mismo escalón que todos los Jimis, Johns, Roberts o Rogers. Si fuese inglés o yanqui todos le besarían las botas, pero aquí, si eres español y te pintas las uñas te llaman maricón y te miran con recelo.

Es Enrique tan derrotista a veces porque sólo entiende la perfección. La crueldad del rasero que utiliza es tal que para él lo bueno es regular y lo regular, malo de solemnidad. Por eso siempre quiere más, no se conforma, es un ave rapaz que no puede suspender el vuelo. Prueba de este grado de autoexigencia es ver la desastrosa valoración que hace del primer concierto en México (concierto recogido luego en el dvd con resultados que hablan por sí mismos ) o la preocupación que muestra en Zaragoza por su falta de voz, que compensó con creces apoyado en fe y entrega, brindando otra noche inolvidable. En fin, genio y figura.

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