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Carlos Ann : 2 de Febrero. Sala EL SOL
Entre Carlos, La Nada y otras miserias.



Madrid, 2 de febrero de 2008.
Cuatro años llevaba Carlos Ann sin tocar en Madrid, desde que presentó “Descarado”, allá por el 2004 en la sala El Sol. Durante este tiempo Carlos Ann ha compuesto sin parar y ha recibido el apoyo visceral del público mexicano.
Cuatro años después, la misma sala El Sol recibe a un Carlos Ann más grande. Más consolidado y tan vanguardista como siempre. El motivo de la visita es para presentar en directo los temas de “La Nada” su álbum más oscuro, mas “doloroso”, como el mismo lo define. Por ese motivo esta gira se reduce a dos únicos conciertos.
Hoy es el último. Madrid es la ciudad elegida.

Pasadas las once de la noche, aparece Carlos Ann en el escenario. Gafas de sol y copa de vino en la mano. Viene acompañado de nueva banda, entre la que destaca su inseparable Charly Chicago, el quinto bushido, al bajo. Suenan los compases de “El ocaso de la nada”, la canción que abre el álbum, a la que le siguen “Ojos distraídos”, “Maldito Viernes” y la desarraigada “Fin de Año”. Al poco tiempo, Ann ya había demostrado sus dotes como animal de escenario. Provocador, pasional y arrabalero, encendió al escaso público que acudió a la sala, a un concierto “casi” sin promoción.

Con “La Mejor de tus Sonrisas” la banda desplegó su lado mas rockero. A pesar de que Carlos Ann se quejó en mas de una ocasión, del poco sonido que recibían en el escenario.
Hecho que provocó que tuvieran que recomenzar alguna canción. Todo ello sin salirse del show que supone ver al catalán en directo. Con actitud punk e improvisando versos, Carlos Ann incluyó algunos temas más antiguos como “Vámonos al mar” y “Dime”, del álbum “Entre lujos y otras miserias”, acercándolos al rock, territorio en el que se encuentra muy cómodo. También sonaron algunos hits, a petición del respetable como “Hada”, “Hoy me dejare” o el himno “Chica uderground”, aunque los temas mas coreados fueron los temas de Bushido, en especial “L´amour”, donde Carlos Ann dio su habitual paseo entre el público. “Golpéame en la sien” ayudo a sostener la atmósfera vibrante que desprendía el show. Carlos, descamisado, bebe ya directamente de la botella de vino. El público está ganado con su carisma y desparpajo. Había ganas de ver en directo a un torrente creativo como Carlos Ann, que prometió volver pronto. Le tomamos la palabra.

El show terminó, tras el bis de rigor, con “Vudú”, la canción que cierra el álbum “Descarado”, y que forma parte de la banda sonora del film REC. Un final por todo lo alto, con Carlos Ann más rockabilly que nunca, apartando la electrónica de sus conciertos y con un sonido mucho mas rockero y la actitud anarko-punk de siempre, que no deja indiferente al espectador.

Antes, había sonado “Ateo”, una de las mejores canciones de “La Nada”. Un canto embriagado desde la barra de un bar, con un perro llamado Ateo como protagonista, una pequeña gran historia de las que tocan la fibra.

A pesar de los problemas de sonido y del escaso público, Carlos Ann demostró su valía presentando las canciones de “La Nada” en un show imprevisible y loco, desprendiendo energía sin cesar y mostrándonos el lado más inquietante del rock´n´roll.

Por Raúl Molina. Febrero 2008
Carlos Ann
Por Manuel Morillas

No será fácil para mi olvidar la primera vez que oí hablar de Carlos Ann. Raúl Molina y yo gozábamos de una conversación distendida y relajada con Shuarma y Enrique Bunbury en los estudios Sintonía de Madrid durante la grabación del album “Azul” de Elefantes. Hablábamos de música y de la vida. Entonces surgió el nombre de Carlos Ann, alguien que actuaba delante de veinte personas como si hubiese veinte mil, decían.
Por el tono jocoso que usaban era difícil adivinar si hablaban de un tipo talentoso o demente, aunque se pusieron serios a la hora de recomendarnos su escucha. Recuerdo que buceé por todos lados y no conseguí hacerme con una grabación del susodicho artista pese a mis reiterados intentos. Supongo que eran otros tiempos.

Después supimos que su album Entre lujos y otras miserias iba a ser producido por Howie B, productor de renombre internacional que ha trabajado con U2, Tricky, Brian Eno o Björk (de la que también fue pareja). Ahí nos dijimos “¡esto va a ser serio!”. A partir de ese momento la carrera del señor Ann se dispara, por prolífica y mediática. Participa en Bushido, proyecto con Morti y sus dos valedores ante Estación Sonora: Shuarma y Bunbury. El disco, que alcanza en su primera semana a la venta el Top 5 en nuestro país –el sello Bunbury es garantía de éxito- supone para Carlos un antes y un después. Ese disco es también la primera rendija que se le abre al mercado latinoamericano y en especial al mexicano.

Luego vendrían el homenaje a Panero y otros discos en solitario, donde dejaba más a un lado la electrónica para centrarse más en melodías pop y conceptos rock, lo cual le acercaba al espíritu de nuestra emisora, ciertamente. Poesía contemporánea y cruda, experimentación sonora y producciones arriesgadas son los ingredientes de una receta original y diferente, aunque mal valorada en un país dominado por el tontismo musical. Sin embargo, restaba verle sobre el escenario, aunque sólo fuese para corroborar in situ la entrega que le presuponíamos a instancias del elefante y el héroe.

Yo no diría que Carlos Ann actuase como si hubiese veinte mil almas delante. No sé hasta qué punto el personaje se ha enriquecido de otras influencias en todos estos años o ha mamado de otros conceptos escénicos, pero no creo que lo suyo sea megalomanía. Más bien se aproxima a una honestidad brutal que ya nos revelase Calamaro haciendo canciones bajo mil efectos de mil sustancias, sólo que aquel era ya conocido y respetado y además el resultado lo limpiaba y lo enlataba. Sin embargo lo de Carlos en directo guarda ciertos paralelismos: el caos como actitud, la poesía derramada de la botella como hilo conductor y la improvisación como amuleto contra el olvido, algo brutalmente honesto si de verdad se es así. Y Carlos lo es. Un tipo que se encierra semanas a pan, vino y estupefacientes para parir un album tan doloroso como La Nada no puede salir a presentarlo como Pedro Piqueras un telediario. Actitud y pose son características inherentes al rock´n´roll business. O deberían ser. También la decadencia. Si Jim Morrison y los Doors –a quienes viene escuchando últimamente Carlos, por cierto- no hubieran hecho un buen día del alcoholismo y el desfase un arte quizás ahora me callaría la jodida boca… pero lo hicieron.

El rock and roll no es feliz. El rock and roll no es perfecto. El rock and roll no es Bisbal.

¡Salud, Carlos!



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